PÁGINAS DE INTERÉS

VUÉLVEME AL GOZO DE LA SALVACIÓN




Por el hno. Gabriel

Tito 3
3 Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros.
4  Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres,
5 nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,
6  el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador,
para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.

LA CONDICION DEL HOMBRE
El evangelio del Señor Jesús nos enseña primeramente que el hombre esta destituido de la gloria de Dios por causa del pecado, sencillamente el hombre jamás va a tener parte en el reino justo y santo del Señor Jesús porque es un pecador y la paga del pecado es la muerte, el pecado es un acto de rebelión contra Dios el cual Él castigará con la muerte eterna en un lago de fuego que nunca se apagará, no hay razón alguna para que una persona injusta tenga herencia en un reino justo, santo y eterno como lo es el reino del Señor Jesús, si somos malos nuestra parte será con los malos, y en una justicia perfecta como lo es la justicia de Dios el malo será castigado con la muerte


Esta es una de las primeras declaraciones del evangelio de Cristo, mostrar la condición del hombre frente a Dios, el cual está separado de Él por causa del pecado,  y nada de lo que hagamos podrá cambiar esta sentencia, el hombre es incapaz de alcanzar a Dios por sus propios medios, todo lo que esforzadamente pudiéramos hacer para vernos como personas justas y agradables delante de Él a fin de formar parte de su reino celestial y eterno no va a alcanzar, porque somos pecadores y el pecado nos aleja de Dios, porque Él es un Dios Santo y por tanto no tiene ninguna relación con el pecado, estamos destituidos de la gloria de Dios porque el pecado nos constituye injustos, no hay razón alguna para que una persona injusta tenga parte en un reino Justo, sencillamente no vamos a poder pertenecer al reino de justicia del Señor Jesús porque somos injustos, la única manera de que seamos parte de aquel reino es que alguien nos justifique, dicho de otro modo sería que alguien de alguna forma nos declare justos y nos haga ver como tales, porque de lo contrario no solo no vamos a heredar el reino justo del Señor sino que vamos a tener que pagar las consecuencias de nuestros pecados, el cual el Señor va a castigar con la muerte eterna en el lago de fuego.

LA JUSTIFICACION POR MEDIO DE CRISTO
Sin embargo por las inmensas e incomparables misericordias de Dios fuimos constituidos justos por medio de Jesucristo quien derramo su sangre en aquella cruz para expiar nuestros pecados y quitar todas nuestras culpas justificándonos por medio de la fe en su sangre, a fin de que ya no heredemos la muerte sino la vida por medio de Él y lleguemos a ser participes de la gloria de su reino eterno, santo y justo por medio de su obra. Todo lo que yo no podía hacer por causa del pecado que me alejaba de Dios Cristo lo hizo el por mí, Él murió por amor a mi, ahora mi vida ya no está destinada al castigo eterno en el lago de fuego sino direccionada a la vida eterna por medio de Cristo, es por su sangre que ya no soy contado entre los injustos sino entre los que han alcanzado la justicia de Él, Cristo me justifico y esto de verdad es algo extremadamente ¡maravilloso!

Muchas cristiano quizás pueden conocer la doctrina de la salvación de Dios pero no haber degustado verdaderamente de ella, muchos pueden haber estudiado gramaticalmente el plan de salvación de Dios pero no contemplar la plenitud de ella en sus vidas.
¡JESUS ES EL SALVADOR! y esta noticia debería ser la fuente de nuestro constante gozo en el Señor, nada de lo que suceda entorno a mí debería afectar el gozo de la salvación de Dios, y nada de lo que yo haga podría superar el gozo de la salvación de Dios.

Romanos 3
21 Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas;
22  la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia,
23  por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,
24  siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,
25  a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados,
26  con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.
27  ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe.
28  Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.

Considero que este pasaje es uno de los más claros y sencillos que tienen las escrituras para explicar de forma eficaz y contundente el alcance y poder de la obra expiatoria de Cristo a favor de la humanidad.

Ejemplo; en este país existe la ley de Sáenz Peña o ley 8.871 que establece el sufragio obligatorio (el voto obligatorio como sistema de elección de cargos públicos), y cualquier persona que el día de las elecciones no se presenta a votar se lo considera un infractor de la ley, por tanto será sancionado con alguna multa o servicio comunitario, salvo que sea justificado por el tribunal electoral mediante un sello en el documento que lo libera de toda sanción y lo absuelve de cualquier culpabilidad. Me sucedió que un día de elecciones yo me encontraba alejado varios kilómetros de la ciudad por motivos de pesca, había salido un día antes a pescar con mis hermanos y nos habíamos olvidado que al otro día había que votar, y nos acordamos de ello cuando regresamos al otro día y ya habían cerrado las urnas, frente a esta situación yo me había convertido en un infractor de la ley, por tanto debía pagar las consecuencias, sin embargo fui al tribunal electoral y explique mi situación y ellos con un sello que decía “justificado” solucionaron todo mi problema, yo automáticamente había pasado de ser un infractor de la ley a ser una persona justificada de la ley, el peso de la ley ya no tenía incidencia en mi porque fui librado de ella tan solo por un sello, una marca que me convertía en una persona justa habiendo yo sido injusto.

Del mismo modo podríamos decir que sucede con el hombre al ser justificado por Dios, ya que somos justificados por medio de la fe en su sangre la cual nos sella (Ef. 1:13) por medio del Espíritu Santo para con Dios declarándonos justos y librándonos del castigo de la condenación.

LA SUFICIENCIA DE LA SANGRE DE CRISTO
Sin embargo tan extraordinaria y maravillosa noticia muchas veces la desestimamos y Dios tiene que volvernos nuevamente  al terreno de la sangre de Cristo en la cruz para que contemplemos que solo fue por medio de Él y nada más que por Él que cada uno de nosotros alcanzamos la justicia, y que nosotros no tuvimos ningún merito en ello, y lo hace tantas veces como sea necesario hasta que comprendemos que lo único que satisface y agrada a Dios es la sangre de su hijo Cristo en nosotros y nada más, a fin de gloriarnos solo en Él y nada más que en Él, todo lo demás que pudiéramos hacer al servicio de Dios en su obra jamás va a superar la suficiencia de la sangre de Cristo.
Muchas veces cometemos el error de convertirnos en la fuente de nuestro propio gozo por causa de nuestro desempeño en el evangelio, ya sea por la utilidad que tengo para servir en la iglesia o por la capacidad de comprensión de las escrituras, de repente olvido mi posición y empiezo a escalar posiciones, ya no quiero ser identificado como aquel vil y menospreciado insensato y necio que Dios escogió, ahora considero ser un siervo exitoso y necesario en la obra de Dios, la fuente de mi gozo y alegría ya no es la sangre de Cristo derramada por mí, sino que ahora el gozo es producto de mis aciertos y desempeño en la vida de la iglesia, mi gozo y mi alegría ahora proviene de mi mismo y ya no de Cristo, de repente la sangre de Cristo pasa a un segundo plano en mi vida y mi justicia empieza equivocadamente a provenir de mi mismo, ahora soy yo buscando mi propia justificación, me presento delante de Dios ya no sobre el terreno de la sangre de Cristo sino bajo el terreno de mis propios aciertos pensando que somos dignos de Él por nuestras virtudes. Que bajo solemos caer a veces…

1° Corintios 1
26  Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles;
27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte;
28  y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es,
29  a fin de que nadie se jacte en su presencia.
30 Más por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención;
31  para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.

Una vez se me acerco una hermana de la iglesia y me dijo “sabes que aquella cita bíblica que dice que Dios escogió a lo vil y menospreciado, lo necio y débil del mundo a mi no me agradaba mucho?, porque de ningún modo me veía yo como alguien así para Cristo sino por el contrario, pensaba que Dios me había escogió por causa de mis habilidades y capacidades mentales para poder servirle a Él”, - y en ese momento yo pensé – “pensar que tal declaración pone en evidencia su alto grado de necedad e insensatez para con Dios el cual la incluye directamente en este grupo”. Sin embargo esto quizás sea algo que ocurra a muchos cristianos, no solo al comienzo de nuestro vida en él sino también durante nuestro andar en Él, porque a medida que nos sentimos útiles en el Señor queremos desentendernos un poco de aquella categoría de vil y despreciables y buscamos no vernos como personas mediocres sino alguien sabio y entendido que sirve al Señor.

Sin embargo Dios quiere que tengamos bien presente que lo único que a Él le satisface es la sangre de Cristo derramada en la cruz, todo nuestro desempeño jamás podrá equiparar tal valor. ¡Oh Señor VUELVEME AL GOZO DE LA SALVACION!!

EL VALLE DEL ABANDONO
Cuanto estas cosas suceden con nosotros Dios tiene una forma muy práctica de hacernos entender la suficiencia de su obra redentora y es por medio de un particular valle el cual yo llamo “El valle del abandono”.

Muchos cristianos solemos atravesar por este particular “Valle del abandono” y quizás más de una vez, a lo que me refiero es a todos aquellos momentos en nuestras vidas en que Dios nos hace sentir su alejamiento, nos hace sentir de alguna manera que Él no está cerca nuestro sino que se ha alejado y por tanto no responde a nuestras oraciones, esto hace que nos sintamos desamparados, atemorizados, desconsolados, y hasta a veces un poco confundidos e inseguros, y estando allí esperamos que Dios opere prontamente en nuestras vidas con su presencia para sacarnos de aquel amargo y doloroso valle y nos consuele por medio de su Santo Espíritu, para que el temor de la muerte se aleje de nosotros y nos reconforte con el poder de la vida.
Varios salmos en las escrituras expresan de alguna manera el alejamiento de Dios en diferentes ocasiones, muchos salmos contemplan expresiones tales como; “Dios mío porque me has desamparado”, “Señor no te alejes de mi para siempre”, “Porque estas tan lejos Señor y no respondes a mis oraciones”, “Vuélvete oh Dios y sálvame”, “No te olvides de mi Señor porque en ti he confiado”, “Muéstrate oh Dios y no escondas tu rostro de mi”, etc. Pero también en cada uno de estos salmos el salmista al final describe como ha operado Dios con su socorro y salvación en medio de aquel valle de angustia, enseñándonos que Él no se ha olvidado para siempre de ninguno de sus hijos que claman a Él, sino que los oye y en su tiempo responde y consuela.

Degustar de tales experiencias no es muy satisfactorio al principio, sin embargo todos estos valles son muy necesarios en nuestras vida cristina, porque es por medio de ellos que llegamos a comprender cuan necesitados estamos de Él, cuanto le deseamos a nuestro lado, y también para que conozcamos cuan débiles somos cuando no estamos cerca de Él.

Cada vez que consideramos ser autosuficientes en la senda angosta Dios nos hace atravesar por estos valles primeramente para derrumbarnos y mostrarnos cuan frágiles y débiles somos cuando estamos sin Él, a fin de mostrarnos la total dependencia de que debemos tener de Él, dicho de otro modo, Dios nos demuestra cuán grande es nuestra necesidad y dependencia de Jesucristo el Salvador indistintamente de lo que hagamos al servicio de Él.

No debemos olvidar que lo único que nos hace acepto delante de Dios no son nuestras buenas obras sino la sangre de Cristo en la cruz derramada por nosotros, esta es la razón por la cual esta meditación tiene como título “Vuélveme al gozo de tu salvación”

Conocer la doctrina de la salvación no es suficiente para el cristiano, sino que debe degustarla para comprender el valor de la misma. Cuando atravesemos por estos valles de abandono, nunca debemos buscar acercarnos a Dios por medio de la justificación por obras, sino por medio de la fe en la sangre de Cristo la cual nos hace participes de la gloria de Dios.

Nada de lo que hagamos va a compensar lo que somos excepto la sangre de Cristo la cual es suficiente para acercarnos a Dios. Por tanto el único motor de mi gozo y alegría no debe provenir de mis aciertos y capacidades en el ministerio que desarrollamos sino de la obra concluida de Cristo en la cruz. De verdad que somos viles y menospreciados, débiles y necios, pero Él es perfecto y supremo por la eternidad.

Colosenses 1
15  El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.
16  Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.
17  Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;
18  y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;
19  por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,
20  y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, HACIENDO LA PAZ MEDIANTE LA SANGRE DE SU CRUZ.
21 Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado
22 en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él;
23 si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro.
GLORIARME SOLO EN LA CRUZ
El verdadero gozo del cristiano jamás debe provenir de su propio desempeño en la labor que desarrolle en la iglesia, sino siempre debe provenir de la obra concluida de Cristo en la cruz, nada debe causarnos más satisfacción y gozo a nuestras vidas que saber que todas nuestras deudas fueron canceladas por medio de Jesús, y que solo por medio de él alcanzaremos la redención de nuestras almas.

Lucas 10
17  Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.
18  Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
19  He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.
20  Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

La vida cristiana no se trata de cuan útiles podemos llegar a ser para Dios, el objetivo de Dios de ningún modo es convertirnos a nosotros en siervos exitosos y populares para nuestra propia gloria y alabanza, sino que el principal propósito de Dios es conformarnos a la imagen de su Hijo Cristo, para que de esta forma seamos verdaderos siervos útiles en su obra. No debemos pensar que Dios necesita de nuestras habilidades humanas, sino que precisa de las habilidades de Cristo operando en nosotros.

Hechos 17
24  El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas,
25  ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.

Gálatas 6
14  Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.

2° Corintios 10
17  Mas el que se gloría, gloríese en el Señor;
18  porque no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien Dios alaba.

CONCLUCIÓN
Hablar de la salvación no debe ser una simple doctrina en nuestras vidas, sino un convencimiento de la suficiencia de la sangre de Cristo en nosotros, que es lo único que satisfizo y satisface a Dios durante todo nuestra vida.

Cuando olvidamos esta gran verdad Dios nos trae nuevamente al terreno de la sangre de Cristo por medio de aquellos valles, los cuales nos confirman en Él para hacernos entender que el punto central de creer en Dios no radica creer en su poder para curarnos de alguna enfermedad, sino para hacernos entender principalmente que Cristo Jesús murió en la cruz y resucito al tercer día y por medio de su sangre nos otorgo entrada en el reino de Dios

Ahora, si tu estas en uno de esos valles, que no te sorprendan, sino espera en Dios, porque Él jamás a desamparado a nadie de los que en Él esperaron, sino que los saco de la aflicción mostrándose Él como el único Salvador.-

La paz del Señor Jesucristo

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